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Terapia cognitivo-conductual para la esquizofrenia

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26/03/2011

Terapia cognitivo-conductual para la esquizofrenia

Terapia cognitivo-conductual para la esquizofrenia

La terapia cognitivo-conductual  es en la actualidad un tratamiento recomendado para las personas con esquizofrenia. Este enfoque ayuda a establecer relaciones entre los sentimientos de la persona y los patrones de pensamiento que ocasionan malestar.


La TCC es un enfoque prometedor; no obstante, este tipo de intervención ha sido poco evaluado. En la actualidad, los datos derivados de ensayos que respaldan un amplio uso de la TCC para las personas con esquizofrenia o con otras enfermedades psicóticas distan de ser concluyentes. Se justifica la realización de más ensayos, en los que este tratamiento se compare especialmente con enfoques de apoyo de menor grado. Estos ensayos deberían diseñarse de manera que sus variables de resultado sean clínicamente significativas y tengan una amplia aplicación.


Algunas personas presentan dificultades con sus pensamientos:


construyen asociaciones que no son lógicas y desarrollan explicaciones falsas y a veces extrañas acerca de sus sentimientos (delirios). Pueden surgir problemas con percepciones falsas, por ejemplo es posible que el paciente oiga voces o tenga visiones (alucinaciones). Las dificultades relacionadas con la concentración, la atención y la motivación también pueden llevar a un funcionamiento social y ocupacional deficiente. Puede reducirse el rango de expresión emocional, la capacidad para pensar y actuar, conjuntamente con el desarrollo de una incapacidad de sentir placer. Es habitual considerar los síntomas de esquizofrenia dentro de dos categorías amplias: (i) síntomas positivos, que son inusuales
por su presencia (por ejemplo, escuchar voces); y (ii) síntomas negativos, que son inusuales por su ausencia (por ejemplo, restricción en el rango e intensidad de las expresiones emocionales).


La medicación constituye el pilar del tratamiento para la esquizofrenia, pero entre el 5% y el 25% de las personas continúan con síntomas aun después de recibir los fármacos correspondientes (Christison 1991, Meltzer 1992, Davis 1997) y éstos pueden provocar efectos secundarios no deseados y desagradables


Además de la medicación, también es posible utilizar terapias de conversación. En el caso de la TCC, se establecen relaciones entre los sentimientos de la persona y los patrones de pensamiento que ocasionan malestar. En la terapia cognitivo-conductual, se incentiva al paciente a participar activamente mediante:


1º- el examen de las pruebas a favor y en contra de la creencia que ocasiona malestar


2ª- el cuestionamiento de los patrones habituales de pensamiento sobre tal creencia


3ª- la utilización de las capacidades de razonamiento y la experiencia personal para desarrollar explicaciones e interpretaciones alternativas que sean racionales y personalmente aceptables (Alford 1994). Tarrier 1993 ha enfatizado los efectos beneficiosos que se obtienen al reforzar las estrategias de afrontamiento y las habilidades generales para resolver problemas. En la actualidad, existen diversas
intervenciones que han sido designadas como terapia cognitivo-conductual y es difícil proporcionar una única definición que no sea ambigua. Ante esta situación, los revisores han elaborado criterios que se consideran viables y que pueden capturar los elementos de la práctica adecuada de la TCC.


Para las personas con esquizofrenia, la terapia cognitivo-conductual aún no se ha convertido en la opción de amplia disponibilidad que representa para las personas con otros trastornos (por ejemplo, depresión y trastorno de pánico). No obstante, las recomendaciones recientes de las guías de tratamiento nacionales, que sugieren que la TCC debe estar disponible para las personas con esquizofrenia (1.3.3.4; NICE
2002), pueden facilitar el acceso al tratamiento a más personas.


CONCLUSIONES 
Implicaciones para la práctica


1. Para las personas con esquizofrenia


El uso de la terapia cognitivo-conductual se ha asociado con cierta reducción en los síntomas, especialmente en los síntomas positivos de la esquizofrenia. Sin embargo, existe una variabilidad considerable en los resultados de los diversos estudios y, en la actualidad, no es posible adjudicar beneficios sustanciales a la terapia cognitivo-conductual en comparación con el tratamiento convencional o las terapias de apoyo.


2. Para los médicos


En la actualidad, la terapia cognitivo-conductual es un recurso escaso, a menudo proporcionado por terapeutas experimentados y altamente entrenados. Por lo tanto, su aplicación en la práctica
cotidiana puede estar restringida por la no disponibilidad de terapeutas calificados. Los datos presentados proporcionan poca información acerca de cuán efectivos pueden ser los procedimientos de la terapia cognitivo-conductual cuando son puestos en práctica por terapeutas menos experimentados.
En aquellas situaciones en las que es imposible proporcionar terapia cognitivo-conductual, la terapia de apoyo puede ser considerada como una alternativa. Sería útil determinar si los efectos de la terapia cognitivo-conductual se mantienen una vez finalizado el tratamiento, si las sesiones de refuerzo son beneficiosas, o si es necesario administrar la terapia de manera continua (a largo plazo) para mantener el efecto del tratamiento.


3. Para los responsables de elaborar las políticas


La terapia cognitivo-conductual promete ser útil como
complemento del tratamiento tradicional de las personas con alteraciones psicóticas. La escasez de ensayos controlados aleatorios sobre terapia cognitivo-conductual y el tamaño pequeño de las muestras de los estudios existentes obligan a proceder con cautela, hasta que se disponga de datos derivados
de ensayos controlados aleatorios grandes que permitan complementar estos hallazgos iniciales. Un análisis del coste / beneficio permitiría a los médicos y los usuarios administrar la provisión del servicio y optimizar el uso de los recursos.


4. Para los financiadores de investigaciones 


Se necesitan más ensayos que sean grandes, generalizables y
significativos desde el punto de vista clínico. Sería particularmente interesante contar con más comparaciones entre la terapia cognitivo-conductual y otros enfoques de apoyo. Es necesario realizar investigaciones adicionales que aborden el uso de la terapia cognitivo-conductual en ámbitos y contextos
específicos (p.ej. servicios psiquiátricos de nivel terciario, instituciones de estancia prolongada, hospitales de día.








Jones C, Cormac I, Silveira da Mota Neto JI, Campbell C. Terapia cognitivo-conductual para la esquizofrenia (Revisión Cochrane
traducida). En: La Biblioteca Cochrane Plus, 2008 Número 2. Oxford: Update Software Ltd. Disponible en:
http://www.update-software.com. (Traducida de The Cochrane Library, 2008 Issue 2. Chichester, UK: John Wiley & Sons, Ltd.).

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